Como usuario, me siento muy triste al ver las imágenes que recorrieron el País, todos los que utilizamos estos productos para alegría de las personas no lo podemos dejar pasar así porque sí. Las autoridades reguladoras de pirotecnia seguramente tomarán cartas en el asunto, la resultante podría ser persecuciones, decomisos masivos, en fin. . . A los comerciantes y usuarios de pirotecnia le sugerimos tomar conciencia del daño que puede causar el uso indebido de dichos artefactos. Nadie quiere otro Cromagnon… Por favor a tenerlo en cuenta…
| El periodista porteño no salía de su asombro cuando revisaba las fotos que le llegaban a su mesa de trabajo desde Córdoba, el miércoles pasado, día de la violenta manifestación de empleados estatales contra el ajuste en la Caja de Jubilaciones. “¿Qué tiene en la mano ese piquetero?”, preguntaba, sin saber que se encontraba ante un hallazgo de la tecnología cordobesa al servicio de la protesta.El manifestante de la foto, posiblemente del combativo gremio de Luz y Fuerza, portaba en su brazo derecho un tradicional mortero para arrojar bombas de estruendo, pero en su versión moderna. Básicamente, un mortero se compone de un caño cilíndrico de metal, de unos 60 centímetros de largo (hay más cortos), en cuyo interior se colocan las bombas que se venden en las casas de pirotecnia. Hasta allí, el típico morterito de manifestaciones callejeras, pero la versión mejorada incluye otros chiches que permiten una cómoda y segura (para quien tira) manipulación del artefacto. Al caño se adosa una culata de hierro para proteger las manos de quien dispara y una agarradera de metal para direccionar el tiro y mandarlo hacia delante, hacia más atrás, hacia la derecha o la izquierda. O hacia el rostro de un policía. Toda una novedad del diseño, ya que el mortero que se conocía en esta ciudad apoyaba su base contra el piso, por lo que la bomba sólo tenía posibilidad de eyectarse en vertical.Otro cambio respecto de movilizaciones de años anteriores es que a la ruidosa pero inofensiva bomba de estruendo se le adicionan objetos como clavos, bulones o trozos de metal, que al explotar se diseminan en redondo a una velocidad que los convierte en verdaderas balas. En ese punto, el folklore de la protesta se vuelve peligroso.“¿Pero qué es esto que tiene en la mano el piquetero?”, insistió el periodista, en inequívoco tono de porteña desconfianza al invento cordobés. Un tono similar al que podría haber usado frente a lo que en su momento fue una novedad nacional, cuando el 29 de mayo de 1969, durante el Cordobazo, el frente gremial-estudiantil hizo patinar a los caballos de la Guardia de Infantería de la Policía, arrojando bolitas de vidrio bajo los cascos. Una ingenuidad creativa aplicada, entonces, en el levantamiento contra una dictadura.“En fin”, dijo el periodista cuando tuvo toda la información, y adelantó un pálpito: “Este mortero se va a exportar al país”. |
